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EL VIAJE DE MORVERN
(Morvern Callar)

Gran Bretaña, 2002



Dirigida por Lynne Ramsay, con Samantha Morton, Kathleen McDermott, Raife Patrick Burchell, Dan Cadan, Carolyn Calder.



Es difícil predecir cómo puede reaccionar una persona ante la muerte de un ser querido. En especial si es una persona como Morvern Callar, una joven que vive en un pueblo del oeste de Escocia, empleada de un supermercado, con una vida rutinaria y aburrida, sin perspectivas… y que de golpe y porrazo descubre el cuerpo de su novio, quien se ha suicidado y dejado una breve nota a su pareja, con diversas instrucciones.

¿Qué hace Morvern? ¿Llama a la policía? ¿Se desespera, llora a mares? No, abre sus regalos de Navidad, se cambia, sale a divertirse con su mejor amiga Lanna y al día siguiente va a trabajar. Les dice a todos que su novio se fue, que la abandonó para siempre. Eventualmente, decide enviar a una editorial la novela inédita del novio –cambiando el nombre del autor por el suyo propio–, esconde el cadáver, retira todo el dinero que él tenía en una cuenta bancaria y se va de viaje con Lanna (quien, por cierto, no está enterada de lo que hizo Morvern) a España.

El resto del film dirigido por Lynne Ramsay (Ratcatcher) es una cadena de sucesos imprevisibles –no así violentos, ni trágicos– que en forma circular llevarán a Morvern y a Lanna de vuelta a Escocia, pero con experiencias y ambiciones a futuro completamente diferentes.

El viaje de Morvern es otra de esas películas en las que parece que sucede poco y nada cuando en realidad ocurre de todo, así como su protagonista no parece expresar nada de lo que sucede en su interior. Son sus acciones las que dicen algo, aunque son tan desconcertantes que no ofrecen una sola pista clara. Un hilo casi invisible, aun para la misma Morvern, las guía. Sus motivaciones pronto trascienden el dolor, o el shock producido por la muerte de novio, para anclar profundamente en sus deseos íntimos, que nunca son revelados o explicitados; sí intuidos, apenas, por el público. El film demanda mucho y al mismo tiempo nada del espectador. Es como Morvern (el único pilar de la historia), que parece pedir que la comprendan, que no le reprochen sus acciones, pero que tampoco las analicen. Morvern (o la película, que es decir lo mismo) es una persona sola, con sus propias ideas, deseosa de tomar sus decisiones sin que nadie le diga cómo tiene que ser o cuáles son las normas a seguir. En todo caso, el camino que sigue Morvern sugiere que las reglas están para ser transgredidas. Y, quién sabe, ese camino hasta pueda llevarla hacia una vida normal, o supuestamente normal, con todos los convencionalismos que ella, casi sin darse cuenta, rompe.

La dualidad y ambigüedad, más un inusual respeto y cuidado por los personajes, son las principales características de este film que ganó numerosos y merecidos premios, entre ellos el de FIPRESCI a Mejor Directora en el Festival de San Sebastián 2002. Un film en apariencia caótico e irracional, pero que termina revelándose coherente y convencido de los temas e ideas que plantea con inusitada fuerza.

El párrafo final se lo ganó la actriz que interpreta a Morvern Callar. Es Samantha Morton, quien ya había demostrado en Dulce y melancólico y en Minority Report qué brillantes roles es capaz de componer. Aquí demuestra que su voz, su rostro y sus gestos son los únicos que corresponden a la desconcertante protagonista.

Rodrigo Seijas      


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