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ROBANDO VIDAS
(Taking Lives)

Estados Unidos, 2004


Dirigida por D.J. Caruso, con Angelina Jolie, Ethan Hawke, Kiefer Sutherland, Olivier Martínez, Tchéky Karyo, J.H. Anglade, Gena Rowlands.



En 1991 El silencio de los inocentes no sólo fue un éxito de crítica y de público, sino que además instaló un subgénero: el film de asesinos seriales. En 1995 Pecados capitales le agregó al subgénero una alta dosis de morbosidad y un aspecto visual sucio, estilizado, que sirvió de molde para casi todos los proyectos que llegaron a la pantalla desde entonces.

Ahora es el turno de Robando vidas, que por un lado evoca tibiamente la inteligencia argumental y de puesta en escena de la película de Jonathan Demme y, por el otro, no iguala el impacto visual de la de David Fincher. Por lo que estamos hablando de un híbrido deshilachado.

El film de D.J. Caruso (proveniente del medio televisivo) narra el andar de un asesino serial que corta las manos y destroza el rostro de sus víctimas. Y como todo sucede en Canadá, hasta allí llegará la agente especial del FBI Illeana Scott, interpretada por Angelina Jolie. Esto dará lugar a un variopinto intercambio de agresiones con los policías locales, a cargo de los franceses Tchéky Karyo, Olivier Martínez y Jean-Hugues Anglade.

La cuestión es que la agente Scott es una especie de genio, que se anticipa a cada movida del asesino (algo así como una Clarice Starling, pero de medio pelo). La investigación avanza a paso firme; más firme que la película, que hecha mano de recursos vistos una y mil veces en esta clase de historias. Por eso las sorpresas no son muchas cuando se empiezan a acumular las pistas, que incluyen a un pintor (Ethan Hawke) que vio al killer en persona, y a la madre de unos gemelos (Gena Rowlands), que dice haber visto a uno de ellos, cuando se supone que murió 10 años antes. Y sí… pistas falsas. Y tan obvias que el espectador que haya visto más de dos películas de asesinos seriales, aunque no sea ningún genio, las descubrirá antes que Jolie.

Aunque el director se las arregla para crear un par de buenos sobresaltos con este material, fallan los climas, y los golpes de efecto (incluyendo esos ambientes cool a lo Pecados capitales generados por el iluminador) se desvanecen enseguida.

En los últimos 15 o 20 minutos de Robando vidas el cineasta juega sus peores cartas, con lo que la resolución se desbarranca en un abismo de incongruencias y golpes bajos. Así sucumbe uno de los pocos elementos de interés, que era la intuición de que en la vida de la agente Scott había mucha tristeza porque, abrumada por sus responsabilidades laborales, no se le animaba al amor. Pero este director no parece creer que el amor tenga lugar en un thriller. La última parte también incluye ese tipo de vueltas de tuerca que presuponen que el espectador es imbécil. Las situaciones empiezan a resolverse por meros golpes de timón del guionista (Jon Bokenkamp), que no por lógicas argumentales. Y un par de secuencias ya bordean el mal gusto, buscando provocar más escalofríos que los latigazos de La pasión de Cristo.

Finalmente, Angelina Jolie. Entre la lista de películas que protagonizó cuesta encontrar alguna que supere la medianía (y eso que filma mucho). Es una lástima que no atine a elegir buenos proyectos, porque tiene un potencial enorme. Y porque, más allá de sus atributos físicos, uno no puede sacarle los ojos de encima cada vez que ocupa la pantalla.

Mauricio Faliero      


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