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EL ABISMO
(The Abyss)

Estados Unidos, 1989



Dirigida por
James Cameron, con Ed Harris, Mary-Elizabeth Mastrantonio, Michael Biehn, Todd Graff, Alan Nelson.



Reseñar El abismo es particularmente complicado, habida cuenta de las muchas –casi todas relevantes– líneas que confluyen en su urdimbre argumental. Lo intentaré: un submarino nuclear encalla misteriosamente en abismales profundidades oceánicas. Una troupe de perforadores petroleros, cuya base está plantada cerca del lugar del hecho, es convocada para reflotarlo. Como nada saben de cuestiones militares, una troupe muy otra –los famosos Navy Seals de la marina yanqui– es enviada para supervisar la operación. Primera línea de conflicto: la paranoica necedad de los marines, encarnada por el teniente Coffey (Michael Biehn), contra el sentido práctico del perforador en jefe, Bud, magistralmente interpretado por Ed Harris.

Por cierto que el calibre del enfrentamiento crecerá en la medida en que las discusiones involucren la vida y la muerte de todos los presentes, con lo que la sangre llegará al río (o más concretamente, al mar). En tanto, la mismísima ex de Bud (Mary Elizabeth Mastrantonio, muy sugestiva "como a su pesar") es la pata cienfífica de la expedición. Y chocará con las restantes. En adelante la tensión –que aquí es presión– corre por cuenta de elementos más o menos esperables: la propia masa de agua (presión ambiental), la aparición de un huracán que los condena a todos a una exasperante cuarentena en las profundidades (presión temporal), etc. Pero hay una veta misteriosa que se va insinuando lenta, suavemente. El que mueve los hilos es nada menos que James Titanic Cameron, y acá lo hace de maravillas. El efecto claustrofobia está magníficamente logrado –la unidad espacial es monolítica–, las escenas de asfixia están llamadas a dejar al público boqueando y en los efectos especiales puede descubrirse el exitoso ensayo general del siguiente film del canadiense, Terminator 2.

El abismo también da la nota por su vertiente cientoficticia: criaturas de inquietantes rasgos harán su aparición a la debida hora. Hubo quienes opinaron que el ya opíparo menú del film podría haber prescindido de un agregado como este. Pero no es menos cierto que lo aprovecha para retratar lo no terrestre con un trazo decididamente audaz; con los efectos especiales al servicio de voces poéticas y pasos de ballet.

Guillermo Ravaschino